¿La leche materna puede tener deficiencias?

Hay un pediatra por estos lares, de cuyo nombre no quiero acordarme, que se ha dedicado estos últimos meses a explicar sus teorías acerca de la leche materna. Ha hablado sobre sus supuestas deficiencias, así como de la necesidad de empezar con el destete a los 4 meses para evitar que al bebé le pasen cosas horribles.

Pues hoy toca hablar de esas supuestas deficiencias de la leche materna, para aclarar el tema.

La leche materna se adapta a las necesidades del bebé durante su crecimiento y para ello modifica su composición; es el único alimento que posee esa capacidad de adaptación para satisfacer las necesidades del ser humano durante su crecimiento.

La leche materna dispone de todos los requerimientos nutricionales necesarios para nutrir adecuadamente a los bebés nacidos a término* aproximadamente hasta los seis meses de vida. Un bebé amamantado no necesita recibir ningún otro alimento durante este periodo, exceptuando vitaminas y medicamentos cuando son necesarios. Los bebés no necesitan ni infusiones, ni zumos, ni agua, puesto que la leche materna está compuesta por un 80 % de agua lo que cubre perfectamente sus necesidades de hidratación si la lactancia funciona tanto a demanda como a oferta (en el caso de los bebés enfermos, prematuros o que no han recuperado el peso del nacimiento).

Dicho esto y reconociendo siempre la perfección de la leche materna se debe tener presente que por diversas injerencias causadas por la mano humana o por situaciones circunstanciales relacionadas con nuestro estilo de vida, es necesario saber en qué momentos la leche materna puede presentar ciertas deficiencias.

 

Hierro (anemia)

Siempre se ha acusado a la leche materna de tener poco hierro. Es cierto, la leche materna es relativamente pobre en este micronutriente. Pero el "poco” hierro presente en la leche humana se asocia a la proteína lactoferrina que consigue que el 80 % de este hierro sea absorbido por el organismo del bebé.  Y esa escasa cantidad de hierro tiene una explicación: muchas bacterias potencialmente nocivas requieren hierro para multiplicarse. La leche materna tiene poco hierro, ya que de esta manera se consigue un mecanismo de defensa. Se permite el paso por el tracto gastrointestinal del bebé de las bacterias lácticas procedentes de la leche materna, que no necesitan hierro para multiplicarse, que proliferan dentro del intestino del bebé ofreciendo protección contra las bacterias nocivas.

La naturaleza prevé una acumulación de hierro en el organismo del bebé justo en el momento del nacimiento, para que pueda mantenerse sin carencias y sano durante meses. Y eso es gracias a la transferencia de sangre de la madre al bebé a través del cordón umbilical. Pero los humanos, que no sabemos tener las manos quietas e intervenimos en los partos, conseguimos que las reservas de hierro que el cuerpo de la madre debe mandar al bebé tras el parto sean saboteadas por un pinzamiento prematuro del cordón umbilical.

La idoneidad del momento en el que realizar el pinzamiento del cordón umbilical es un tema que hace más de 200 años que se discute, el primero en mencionar el tema es Erasmus Darwin (abuelo del Darwin más conocido de la familia) que ya hablaba de la necesidad de evitar el clampaje prematuro del cordón:

"Otra cosa muy perjudicial para el niño es pinzar y cortar demasiado pronto el cordón umbilical, que se debería dejar intacto no sólo hasta que el niño haya respirado varias veces, sino hasta que su latido haya cesado por completo. De otro modo, el bebé es mucho más débil de lo que podría haber sido, ya que la placenta se queda una cantidad de sangre restante que tenía que estar en su cuerpo".

El cordón se puede pinzar de manera prematura en 15 segundos, cuando se quiere hacer donación, o de manera tardía (más de tres minutos) o simplemente no ser pinzado hasta que deje de latir, lo que a veces tarda 20 minutos. Por lo tanto a los bebés que se les ha cortado de forma prematura el cordón pueden sufrir anemias y carencias de hierro por más leche materna o artificial que se les dé (el hierro de la leche artificial sólo se absorbe en un 10%) al haber intervenido en los planes de la naturaleza.

Así que el problema de la anemia no reside en amamantar de manera exclusiva durante 6 meses, ya que si el pinzamiento del cordón fuera siempre tardío el sistema funcionaria perfectamente y el bebé se mantendría sin carencias de hierro hasta el inicio de la alimentación complementaria, donde a través de los alimentos recibiría el hierro que necesita.

*Es necesario recordar que los bebés prematuros van a necesitar durante la lactancia una suplementación de hierro ya que su nacimiento precoz les impide disponer de reservas de hierro en su organismo.

 

Vitamina D (raquitismo)

Otra de las cosas de las que acusa el doctor a la lactancia materna es la aparición de raquitismo  o “estigmas raquíticos” en los niños amamantados de manera prolongada. ¡Ojo que para él las lactancias prolongadas son las que van más allá de los 4 meses!

Hace unos años decíamos a las madres que no era necesario suplementar los bebés con vitamina D, que solamente era necesaria una mínima exposición diaria a la luz solar, en concreto dos horas a la semana, y que esto era más que suficiente para que fueran satisfechos los requerimientos de vitamina D del bebé.

La vitamina D es la encargada, entre otras cosas, de regular el paso de los iones de calcio a los huesos. Por esta razón si hay deficiencia de vitamina D este paso no se produce y los huesos comienzan a debilitarse y a curvarse produciéndose malformaciones irreversibles que ciertamente produce el raquitismo en los niños. 

Además debido a que los niveles de síntesis de vitamina D en última instancia dependen de la exposición al sol, las madres lactantes de piel negra, las que por su religión van completamente cubiertas o madres que trabajan todo el día dentro de un edificio (la mayoría) pueden sufrir de falta de vitamina D. Y si tienen una deficiencia de vitamina D  en la sangre también pueden tener una deficiencia de vitamina D en su leche aunque este dato solamente se puede conocer mediante una analítica específica de sangre.

Las recomendaciones de la AEP  (Asociación Española de Pediatría) como de AAP (Academia Americana de Pediatría) se han modificado, de no ser necesario darles ningún tipo de suplemento, se ha visto que hay que suplementar a todos los bebés con lactancia materna y así lo exponen la AEP:

“Los lactantes menores de un año alimentados al pecho deben recibir un suplemento de 400 UI/día de vitamina D. Estos suplementos se deben iniciar en los primeros días de vida y se mantendrán hasta que, después del destete, el niño tome 1 litro diario de fórmula adaptada enriquecida en vitamina D. Todos los lactantes menores de un año alimentados con sucedáneo de leche humana que ingieren menos de 1 litro diario de fórmula también han de recibir un suplemento de 400 UI/día".

Puede extrañar que un niño amamantado necesite suplementos de vitaminas. La justificación está en que los hábitos de vida del ser humano han cambiado muy rápidamente en pocos años y ahora se hace poca actividad al aire libre, siempre con ropa y en muchas ocasiones con protectores solares. La fuente principal de vitamina D ha sido la exposición solar. Con las costumbres actuales a las madres que amamantan les es prácticamente imposible sintetizar la cantidad suficiente de vitamina D para que las necesidades de su hijo estén cubiertas. Esta dificultad para sintetizar la vitamina D todavía es mayor en personas de piel oscura que han emigrado hacia países del norte.

 

Así pues la solución a todos los males no es destetar a los 4 meses, es cuestión de hacer las cosas con conocimiento y con sentido común, y saber actuar si es necesario, suplementando a los bebés que lo requieran ya sea con hierro o con vitamina D…

 

Aunque ahora que lo pienso el sentido común es el menos común de todos los sentidos…. ¿Verdad doctor?

 

 

Alba Padró, asesora de lactancia e IBCLC para Espacio Lactancia

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